El Cordero (Aleluya)

Cuando la entrega no termina en cruz, sino en esperanza que aprende a reinar

Lecturas: Isaías 53:5 · 1 Corintios 15:55–57 · Apocalipsis 5:12

“Unido a la cruz, el Cordero de Dios…”

La adoración comienza cuando esa imagen deja de ser lejana.

La cruz no fue solamente dolor. Fue decisión. Fue el momento en que el amor asumió el peso que nos correspondía.
Isaías lo había anunciado: “por su llaga fuimos nosotros curados”. No es solo una herida; es una restauración que cambia la manera en que entendemos nuestra historia.

Cuando cantamos “No hay otro amor mayor”, no estamos exagerando. Estamos reconociendo que no conocemos otro amor que cargue así.

La canción avanza.

“Jesús resucitó, a la muerte Él venció…”

Hubo tumba. Hubo silencio. Hubo espera.
Y, sin embargo, como recuerda Pablo, la muerte no tuvo la última palabra. La resurrección no elimina la tensión del presente, pero transforma el horizonte desde donde lo atravesamos.

La oscuridad deja de ser definitiva.

Y la historia continúa.

“Un día llegará, los cielos se abrirán…”

Apocalipsis declara digno al Cordero que fue inmolado. El que entregó Su vida no quedó detenido en el sufrimiento. Ahora es reconocido. Ahora sostiene la historia desde un reinado que no depende del ruido, sino de la autoridad del amor que venció.

Tal vez cruz, resurrección y reinado no sean solo momentos en la vida de Cristo. Tal vez sean el mapa de nuestra propia formación.

Cruz

Si por Su herida fuimos curados, ¿por qué a veces seguimos viviendo como si la culpa tuviera más peso que la gracia?
La cruz no solo perdona; también reordena la identidad.

Resurrección

Cuando recordamos que la muerte perdió su aguijón, algo cambia en nuestra manera de atravesar la incertidumbre. No porque desaparezcan las preguntas, sino porque ya no definen el final.

Reinado

El Cordero que fue inmolado es digno. Y su reinado, aunque a veces silencioso, sostiene la historia.
Confiar en Él es permitir que esa verdad ordene lentamente nuestro interior.

Oremos

Señor Jesús,
Cordero que asumió nuestra culpa,
que venció la muerte
y que sostiene la historia con autoridad de amor,

enséñanos a vivir desde la cruz sin condena,
desde la resurrección sin rendirnos al temor,
y desde Tu reinado con esperanza serena.

Que nuestra adoración no sea solo una canción,
sino una vida que aprende, día a día,
a confiar en el Cordero que venció.

Amén.

Más Devocionales

Un corazón que adora y mantiene el fuego.
Salmo 145:3 · Filipenses 4:6–7 · Juan 4:23–24
Eres mi todo… y algo dentro ya no sostiene lo demás igual.
Mateo 11:28 · Juan 6:35 · Salmos 73:25