Eres mi todo… y algo dentro ya no sostiene lo demás igual
Lecturas: Mateo 11:28 · Juan 6:35 · Salmos 73:25
Hay algo que ya venía pasando… y no empezó hoy, no apareció de repente, solo que ahora cuesta menos ignorarlo; no porque todo esté claro, ni porque algo haya cambiado afuera, sino porque por dentro hay cosas que ya no se sostienen igual.
Antes muchas cosas parecían necesarias. No siempre al mismo nivel, no siempre de forma consciente, pero estaban ahí ocupando espacio, pidiendo atención ofreciéndose como respuesta. Y uno iba probando, volviendo, ajustando, como si siempre hubiera algo más
que todavía podía funcionar mejor.
Y no es que eso desaparezca de un momento a otro las opciones siguen, las posibilidades siguen; las ideas siguen apareciendo pero algo en la forma de acercarte a ellas empieza a cambiar.
Porque en medio de todo ese movimiento, sin hacerse evidente, algo empezó a quedarse, no como una decisión marcada, no como un momento exacto, más bien como cuando algo
empieza a ser suficiente antes de poder explicarlo y al inicio eso no se entiende del todo, solo se siente distinto.
“No quiero nada más…” Podía decirse con fuerza. Tal vez con intención, tal vez como una forma de afirmarlo, como si repetirlo pudiera hacerlo verdad más rápido; pero con el tiempo la frase cambia, no en las palabras, si no en el lugar desde donde sale. Porque hay cosas que no se construyen, no se fuerzan, no se sostienen por repetición y se reconocen.
Y en ese reconocimiento, sin que todo desaparezca, sin que todo cambie de lugar afuera, hay algo que por dentro empieza a soltarse. No de forma brusca, no de forma visible, pero sí real. Y lo que antes parecía imprescindible, empieza a quedarse sin la misma fuerza, no porque lo rechazaste o porque decidiste dejarlo sino porque ya no nace desde el mismo lugar.
“No necesito nada más…” No como una conclusión, ni como una forma de decir “ya terminé”… más bien como algo que aparece cuando dejas de sostener tantas cosas al mismo tiempo, porque sostener todo… cansa; aunque no siempre lo notes, aunque ya estés acostumbrado.
Y cuando algo dentro empieza a descansar en un solo lugar, lo demás ya no se sostiene igual, no desaparece pero tampoco exige lo mismo. Y en ese espacio sin hacer ruido algo empieza a ordenarse. No como quien organiza ideas, sino como quien encuentra un centro.
Y cuando pasa eso comparar deja de tener sentido. No porque aprendiste a no hacerlo,
sino porque ya no hay desde dónde hacerlo. Lo que antes medías ya no se mide igual, lo que antes pesaba ya no ocupa el mismo lugar. Y no es que todo haya cambiado, es que algo dentro ya no está sosteniendo lo mismo.
“Quiero a Cristo…” Y no suena a renuncia, no suena a exigencia, no suena a una decisión que hay que mantener; suena más quieto como cuando algo encuentra su lugar y deja de moverse tanto, como cuando ya no necesitas tener todas las opciones abiertas, como cuando no todo desaparece pero ya no todo pesa igual.
Tal vez por eso no todo tiene que resolverse y quizás por eso no todo tiene que acomodarse perfecto, porque hay algo que no depende de eso, algo que se va quedando, sin imponerse o sin competir, sin hacer ruido y poco a poco eso empieza a ser suficiente.
Oremos
Señor… si ya hay algo en nosotros que ha comenzado a encontrarte suficiente, enséñanos a no volver a sostener lo que ya no nace desde Ti. A no llenar con ruido lo que Tú estás afirmando en silencio. A no regresar por costumbre a lo que ya no tiene el mismo peso.
Haznos sensibles a lo que permanece, a lo que no se impone, a lo que no compite… pero se queda. Y en medio de todo lo que aún se mueve, guárdanos ahí… donde el corazón ya no sostiene lo demás igual.
Amén.