Cuando la esperanza deja de buscarse afuera… y empieza a sostenerse desde dentro
Lecturas: Romanos 5:3–5 · Hebreos 6:19 · 1 Pedro 1:3
Cuando la adoración empieza a quedarse más adentro, tal vez algo más comienza a tomar forma… sin hacer mucho ruido, no siempre se nota de inmediato, pero ahí está porque hay momentos donde la esperanza parece algo frágil. Como si dependiera demasiado de lo que está pasando; si todo va bien, se siente cerca, Si no… empieza a desdibujarse.
Y casi sin darnos cuenta, la buscamos en lo que cambia como en respuestas, en resultados, en señales; pero la canción nos lleva y dice una forma sencilla:
“Mi esperanza está en Jesús” No en lo que podría pasar, no en que todo se acomode, si no en Él. Y tal vez ahí comienza a abrirse una diferencia que con el tiempo se vuelve más clara.
Cuando la esperanza empieza a moverse hacia dentro
A veces esperamos, dependiendo de lo que cambie afuera, donde podría estar el punto de partida, una esperanza que aún está buscando dónde apoyarse; que se mueve con lo que pasa y no es algo extraño, es parte del camino, pero con el tiempo algo empieza a cambiar, no necesariamente afuera…sino dentro.
Pablo lo describe como un proceso que no siempre es cómodo:
dificultad, perseverancia, carácter. Y en medio de eso algo empieza a afirmarse, no como emoción intensa, sino como una certeza tranquila que va tomando lugar.
“Mi esperanza está en Jesús” No como una frase inmediata, sino como algo que empieza a encontrar su lugar en el interior.
Cuando lo que te sostiene ya no depende de lo que ves
Hay momentos donde no todo se aclara, donde las preguntas siguen ahí y aun así algo empieza a sostener. Hebreos habla de una esperanza que funciona como ancla, no elimina el movimiento del mar, pero evita que todo se desplace, ahí el proceso se vuelve más claro, pues no se deja de sentir la incertidumbre, pero se empieza a notar que no todo dentro de ti se mueve al mismo tiempo, que hay algo que permanece en el mientras y durante de las dificultades del camino.
“Mi esperanza está en Jesús.” No porque todo esté resuelto, sino porque empieza a aparecer un lugar interno que no depende completamente de eso.
Cuando la vida se vuelve a levantar desde otro lugar
Pedro habla de una esperanza viva, no como idea, sino como algo que nace… y sigue vivo. Tal vez ahí se empieza a ver el punto de llegada, aunque no siempre sea evidente de inmediato. No es que todo cambió de un momento a otro, es que la forma de sostenerse cambió; ya no desde lo que esperas que pase, sino desde lo que ya fue sembrado dentro. Una esperanza que no necesita ruido, pero que está, que acompaña, que sostiene, que vuelve a levantar.
“Mi esperanza está en Jesús” Y poco a poco deja de ser solo una afirmación… y empieza a sentirse como un lugar.
Una esperanza que no desaparece, aunque todo se mueva
Tal vez la esperanza no siempre se ve fuerte, a veces es silenciosa, a veces apenas perceptible. Pero permanece y se va formando en medio del proceso, se afirma en lo que permanece, y encuentra su lugar más adentro de lo que imaginábamos.
“Mi esperanza está en Jesús” No como algo que repetimos, sino como algo que, con el tiempo, aprendemos a habitar. Y quizá ese es el punto hacia el que este devocional nos acerca, no a buscar esperanza… sino a reconocer dónde ya empezó a ser formada.
Oremos
Señor, enséñanos a reconocerte como el lugar donde nuestra esperanza descansa; a no depender solamente de lo que vemos, sino a descubrir lo que estás formando dentro de nosotros. Señor acompaña nuestros procesos y afirma en nuestro interior aquello que permanece y que cuando digamos “Mi esperanza está en Jesús”, no sea solo una frase,
sino una verdad que poco a poco aprendemos a vivir.
Amén.