Cuando lo que has encontrado por dentro… deja de compararse
Lecturas: Filipenses 3:7–8 · Juan 6:68 · Colosenses 1:16–17
Hay momentos donde todavía comparamos opciones, caminos, posibilidades. No siempre de forma consciente… pero pensamos, evaluamos, medimos; qué funciona, qué conviene, qué podría ser mejor y en medio de eso, la fe también puede quedarse ahí, siendo
como una opción más, pero hay una pregunta que no empuja… solo nos abre:
“¿Quién más es digno?” Y cuando esa pregunta se queda, algo empieza a moverse, no hacia afuera, si no hacia dentro.
Cuando la comparación empieza a quedarse sin fuerza
A veces la fe comienza mezclada con otras voces, otras seguridades, otras referencias. Ahí podría estar un inicio, donde nada se ve del todo claro, todo ocupa más o menos el mismo lugar, pero con el tiempo algo cambia, no por esfuerzo o por presión, sino porque algo empieza a ser visto de otra manera.
Pablo lo describe sin forzarlo, nos lleva a que lo que antes pesaba deja de sostener igual. No porque desaparezca, sino porque ya no ocupa el mismo centro. Lo que antes pesaba o era ganancia, ahora se considera pérdida ante la excelencia de conocer a Cristo.
“¿Quién más es digno?” La pregunta permanece y a su vez empieza a dejar de abrir opciones.
Cuando lo que has visto ya no se desdice
Pedro no respondió desde una idea “¿A quién iremos?” no suena a decisión rápida, sino la certeza de quien ha tenido una revelación que no admite retorno. Ahí el proceso se vuelve más silencioso, no es que todo desaparece, es que ya no todo pesa igual y sin darse cuenta, el corazón deja de girar en círculos, no porque haya sido obligado, sino porque ya reconoció.
“¿Quién más es digno?” Y la pregunta empieza a quedarse sin comparación.
Cuando todo empieza a tomar su lugar
Colosenses no presenta a Cristo como una parte, sino como aquello en lo que todo encuentra su lugar, no solo origen, sino el centro y cuando algo empieza a verse así no se siente como una elección más, se siente distinto no porque se tenga que elegir, sino porque ya no compite.
“No hay nadie, solo Tú.” No como una afirmación cerrada, sino como algo que se vuelve evidente.
Cuando ya no todo compite
Las cosas siguen estando, la vida sigue moviéndose, pero no todo ocupa el mismo lugar y eso no se logra forzando, se reconoce porque cuando algo se afirma por dentro, lo demás se reubica sin hacer ningún ruido.
“No hay nadie, solo Tú.” Y deja de ser una frase porque ya no hay con qué compararlo y quizá ahí es donde este devocional se queda no en decidir más, sino en reconocer lo que ya dejó de competir.
Oremos
Señor, enséñanos a reconocerte sin necesidad de forzar respuestas, a ver con claridad lo que poco a poco has ido afirmando dentro de nosotros. Ayúdanos a ordenar nuestro interior, no desde la presión, sino desde el proceso y lo que ya no necesita comparación y que cuando surja la pregunta “¿Quién más es digno?” no tengamos que responderla porque ya no hay nada que ocupe ese lugar, sino solo Tú Señor.
Amén.