Te Adoramos

Con la creación me uno a adorarte

Lecturas: Salmos 46:10 · 2 Crónicas 20:17 · Hebreos 12:28

Hay momentos donde la adoración comienza como respuesta y otros donde empieza a quedarse como un lugar. Al inicio puede sentirse como algo que haces, cantas, declaras, sostienes palabras que aún estás aprendiendo a creer, mientras por dentro todavía hay ruido, tensión, preguntas y eso no está mal porque es parte del camino. 

Pero hay un punto donde algo empieza a cambiar. No necesariamente afuera, sino en la forma en que lo atraviesas, porque lo que antes parecía algo que tenías que sostener, poco a poco empieza a sostenerte a ti.

“Mi alabanza es un arma…” Al inicio se entiende así, como algo que levantas frente a lo que te rodea, una respuesta en medio de lo que te amenaza, de lo que pesa, de lo que insiste… y lo es, pero con el tiempo, algo más profundo empieza a revelarse, no eres tú quien sostiene la victoria, Cristo ya la sostuvo primero.

“Esta batalla no es vuestra…” y cuando eso deja de ser solo una frase, algo dentro deja de resistir de la misma manera; los muros no caen por lo que haces los gigantes no retroceden por tu fuerza es que Cristo ya venció y cuando eso empieza a reconocerse por dentro,
la adoración deja de ser esfuerzo y empieza a cambiar de lugar.

“En fe yo canto…” No porque todo esté claro, no porque la tormenta haya desaparecido, sino porque algo dentro empieza a confiar antes de ver, la tormenta puede seguir, pero ya no ocupa el centro; el temor puede aparecer pero ya no gobierna igual, porque hay algo que empieza a afirmarse desde dentro.

“Confiaré… en Ti confiaré…” Y eso no suena a decisión forzada, más bien es un proceso que ya venía formándose, como si la fe no comenzara en el momento difícil, sino que ahí se hiciera visible y sin darte cuenta, lo que antes se sentía como lucha, empieza a volverse una permanencia.

“Solo en Ti soy libre…” No como una idea, ya no necesitas sostener todo, no necesitas responder a todo, ya no necesitas controlar lo que pasa dentro de ti; porque hay un lugar donde Cristo ya está reinando y cuando te quedas ahí, no todo necesita resolverse para que haya paz.

“Dios está con nosotros…” y eso deja de ser una frase y empieza a sentirse distinto, no cambió lo que estás viviendo, cambió desde dónde lo estás viviendo. Y ahí sin forzarlo y sin empujarlo algo se abre.

“Te adoramos…” Ya no como una declaración fuerte que tienes que levantar, sino como algo que aparece cuando dejas de sostener todo, dejas eso que cansa y cuando algo dentro empieza a descansar en Cristo, la adoración deja de ser algo que produces y se convierte en el lugar donde permaneces.

“Con la creación me uno a adorarte…” Y ya no suena a frase, porque se vuelve reconocimiento, porque la adoración no empieza contigo y tampoco termina en ti. La creación ya responde y Cristo ya está siendo exaltado cuando dejas de resistir tanto, te das cuenta que no tienes que producir adoración, solamente entrar y permanecer en ella y solo  quedarte donde Él ya está reinando.

Oremos

Señor Jesús, en medio de todo lo que aún se mueve dentro de nosotros, enséñanos a reconocerte como ese lugar donde ya no necesitamos sostener como antes. Llévanos a ese espacio donde la fe empieza a afirmarse sin ruido, donde la confianza no depende de lo que vemos y donde la adoración deja de ser esfuerzo para convertirse en permanencia en Ti.

Y si algo en nosotros ya empezó a quedarse ahí, Señor guárdanos. No para controlar lo que sentimos, sino para permanecer en Aquel que ya venció, ya reina y ya sostiene todo, agradecemos que en tu sangre ya somos victoriosos.

Amén.

Más Devocionales

Un corazón que adora y mantiene el fuego.
Salmo 145:3 · Filipenses 4:6–7 · Juan 4:23–24
Cuando la entrega no termina en cruz, sino en esperanza que aprende a reinar.
Isaías 53:5 · 1 Corintios 15:55–57 · Apocalipsis 5:12