Cuando la adoración deja de apoyarse en lo que pasa… y empieza a sostenerse desde dentro.
Lecturas: Hechos 16:25–26 · Daniel 3:17–18 · Josué 6:20
Cuando el altar está encendido, tal vez la pregunta ya no es si adoras… sino qué pasa con ese fuego cuando la vida no responde como esperabas. Hay momentos donde la adoración fluye y hay otros donde parece quedarse sin impulso, no porque Dios esté lejos, sino porque algo más profundo empieza a moverse por dentro, pero hay una sencillez que puede pasar desapercibida:
“Solo a Él alabaré.”
Pero entre decirlo… y vivirlo, a veces hay un camino que no siempre vemos. Porque hay una adoración que nace del momento y hay otra que parece venir de un lugar más profundo,
como si ya hubiera sido decidida antes y eso muchas veces solo se hace visible cuando todo se vuelve menos claro.
Cuando lo que está dentro empieza a sostener
Pablo y Silas estaban en una cárcel pero tal vez lo más importante no era dónde estaban
sino lo que ya había sido formado en ellos antes de llegar ahí; y eso podría estar como punto de partida en los momentos de presión, una convicción que ya venía caminando desde antes de las circunstancias.
¡Cantan!… No necesariamente porque entienden lo que está pasando, sino porque hay algo dentro que no cambió con la situación y en ese proceso —silencioso, interno— la adoración deja de depender del entorno y empieza poco a poco a sostenerse desde otro lugar.
“Solo a Él alabaré.”
Tal vez no como una reacción, sino como una orientación que ya estaba tomando forma y con el tiempo, eso parece convertirse en algo más estable: una fe que no necesita tantas condiciones para permanecer.
Cuando la fe ya no gira alrededor del resultado
Antes del fuego, Daniel ya había tomado una postura. -“Y si no…”- Esa frase deja ver algo que venía formándose desde dentro, no suena a impulso, suena a una decisión que ya había sido procesada; ahí podría estar el inicio: una identidad que no depende completamente de lo que va a pasar. Luego viene el momento visible, pero lo más profundo ocurre en el proceso interno de no cambiar de dirección, aunque el resultado no esté claro.
“Solo a Él alabaré.”
No necesariamente porque todo va a salir como se espera, sino porque hay algo que ya no gira alrededor de eso. Y poco a poco, eso se convierte en una forma de estar viviendo
una fe que permanece, incluso cuando no todo se entiende.
Cuando el camino forma más que el resultado
Jericó no cayó el primer día. Tal vez ahí también hay un punto de partida:
caminar sin ver todavía. El proceso no es inmediato es repetitivo, silencioso, incluso confuso por momentos. Dar vueltas, seguir avanzando, sin señales claras y en medio de eso, algo se va formando desde dentro:
una obediencia que no depende tanto de lo visible; el resultado llega, pero lo que lo sostuvo… venía trabajándose antes.
“Solo a Él alabaré.”
No solo como expresión de victoria, sino como una decisión que acompañó todo el proceso. Y quizá ahí aparece el punto de llegada en una vida que ya no necesita ver todo para seguir caminando.
Una adoración que se va volviendo estable
Hay una adoración que cambia con lo que pasa y hay otra que con el tiempo parece asentarse más adentro. No siempre de forma evidente, a veces casi imperceptible, pero empieza a notarse en pequeñas cosas, como en la forma de responder, en lo que ya no se negocia, en la dirección que se mantiene.
“Solo a Él alabaré.”
Tal vez no es como una frase que se repite, sino como una verdad que poco a poco va encontrando su lugar dentro de la vida. Y quizá ese es el punto hacia el que este devocional nos acerca al no solo a cantar… sino a reconocer desde dónde estamos viviendo lo que cantamos.
Oremos
Señor, enséñanos a mirarte más allá de lo que entendemos, a reconocer lo que estás formando en nosotros, incluso cuando no es evidente. Acompaña nuestros procesos internos y danos la gracia de permanecer, no por lo que vemos, sino por lo que poco a poco, vas afirmando dentro de nosotros. Señor que cuando digamos “Solo a Él alabaré” no sea solo una frase, sino una verdad que vaya tomando forma en nuestra vida.
Amén.